Turbinas
La aparición de los primeros automóviles propulsados por turbinas de gas, a principios de la década del cincuenta, despertó gran entusiasmo, a punto tal que muchos técnicos e industriales creyeron que se encontraban frente a una revolución total en el campo de la locomoción terrestre.
Sobre autos propulsados con turbinas
La Historia de Autos con turbinas
Las turbinas, que habían sido derivadas directamente de los motores de reacción para aviones, ofrecían una serie de ventajas, como ser una mayor flexibilidad de funcionamiento, una relativa simplicidad constructiva, la ausencia de vibraciones, la posibilidad de usar combustibles económicos (kerosene, petróleo) y su cupla motriz más elevada (lo que permitía eliminar el cambio de velocidades).
Desgraciadamente, poco tardaron en aparecer los aspectos negativos: costo de producción muy superior al de los motores convencionales, elevadísi-mos consumos específicos de combustibles (casi 500 gramos por HP/hora, contra los 250 gramos de los motores alternativos) debido al menor rendimiento térmico de las turbinas (lo que llevó a la adopción de intercambiadores de calor) y la ausencia del "freno motor".
La primera aplicación de una turbina a un vehículo terrestre se debió a la fábrica inglesa Rover (1950). En los años siguientes varias de las más importantes empresas estadounidenses y europeas experimentaron este tipo de propulsión, hasta llegar al convencimiento de que en el mejor de los casos sólo se lo podría aplicar a enormes medios de transporte.
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